Pipo trota entre los tulipanes morados del prado.
El rocío de la mañana moja sus patitas amarillas.
De repente, tropieza con algo redondo y muy frío.
¡Es un huevo azul brillante, más grande que su propia cabeza!
¡Ouch!
Un rastro azul entre los tulipanes
Pipo trota entre los tulipanes morados del prado.
El rocío de la mañana moja sus patitas amarillas.
De repente, tropieza con algo redondo y muy frío.
¡Es un huevo azul brillante, más grande que su propia cabeza!
¡Ouch!
El huevo empieza a rodar colina abajo por la hierba suave.
Pipo corre tras él mientras el huevo suena al chocar con las piedras.
¡Clinc-clinc!
El pollito agita sus alitas para no caerse del susto.
Está muy emocionado porque el huevo brilla como un trocito de cielo.
El huevo se detiene justo al lado de una oreja larga y peluda.
Es una coneja que duerme profundamente sobre un colchón de tréboles.
Pipo se acerca de puntillas para no despertarla.
Siente el calor del sol de primavera en su chubasquero rojo.
¡Shhh!
La coneja abre un ojo y sonríe al ver a Pipo y su hallazgo.
Ella señala con su nariz rosada una cesta de mimbre escondida.
El pollito comprende que el huevo azul es la pieza que falta.
¡Sorpresa!
Pipo siente una alegría inmensa en su corazoncito amarillo.
Con mucho cuidado, Pipo empuja el huevo dentro de la cesta.
El huevo azul encaja perfectamente entre los de color rosa y verde.
Ahora la cesta de Pascua está lista y brilla bajo el sol.
¡Perfecto!
Pipo contempla el tesoro terminado mientras la brisa mueve los tulipanes.
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