S

Tito y el abrazo de pétalos

1/7
Portada de Tito y el abrazo de pétalos
5-6 años 2 min

Tito y el abrazo de pétalos

Un abrigo de seda para un tesoro de azúcar

pascua erizo ingenio primavera bosque
Tito el erizo encuentra un huevo rosa gigante entre el musgo verde.

Tito caminaba con sus patitas cortas sobre el musgo fresco del bosque.

De pronto, entre dos margaritas, encontró un huevo de chocolate envuelto en papel rosa brillante.

Era tan liso y frío que Tito quiso llevárselo a casa para su merienda.

¿Cómo podré cargar algo tan grande y delicado?, pensó ajustándose sus pequeñas gafas redondas.

Extendió sus patitas para abrazar el tesoro, sintiendo el aroma dulce que escapaba del envoltorio.

Tito intenta abrazar el huevo y sus púas pinchan el envoltorio.

En cuanto Tito rodeó el huevo con sus brazos, sus púas rozaron la superficie.

¡CRAC!

Un sonido seco asustó a Tito, que dio un salto hacia atrás con su mochila azul tintineando.

Sus pinchos eran demasiado afilados y habían hecho una pequeña grieta en el chocolate.

Tito se sintió triste al ver que su propio cuerpo podía romper aquello que tanto le gustaba.

Tito mira los pétalos de cerezo cayendo como una alfombra suave.

Tito miró hacia arriba y vio un cerezo cargado de flores que soltaba pétalos con el viento.

Las flores caían como plumas de seda, cubriendo el suelo de un color rosa pálido y un aroma a miel.

Si fuera tan suave como una flor, mis púas no harían daño, imaginó Tito mientras un pétalo aterrizaba en su nariz.

Entonces, tuvo una idea brillante para proteger su regalo de Pascua.

Comenzó a recolectar los pétalos más grandes y suaves, apilándolos con mucho cuidado sobre su mochila.

Tito, cubierto de pétalos rosas, empuja el huevo sin dañarlo.

Con un poco de savia pegajosa de los árboles, Tito pegó los pétalos sobre sus afiladas púas.

Pronto, el pequeño erizo parecía una bola de algodón rosa que caminaba por el prado.

Se puso de espaldas contra el huevo y, esta vez, el contacto fue suave y delicado.

Empujó con fuerza, rodando el huevo por el camino de tierra sin que se hiciera ni una sola marca más.

Sus amigos las mariposas lo seguían asombradas, viendo cómo una flor con patas transportaba el tesoro.

Tito descansa en su madriguera junto a su huevo de Pascua a salvo.

Al llegar a su madriguera, Tito dejó el huevo en un rincón cubierto de hojas secas.

Se quitó el disfraz de pétalos uno a uno, volviendo a ser un erizo con púas y gafas.

El huevo estaba a salvo, brillando bajo la luz suave que entraba por la puerta.

Tito se sentó a descansar, satisfecho de haber encontrado una solución tan tierna.

Se acurrucó junto a su tesoro rosa y cerró los ojos, disfrutando del olor a primavera que llenaba su hogar.

¡Qué cuento tan bonito!

¿Qué aventura leemos ahora?