Hoy vamos a jugar a un juego de escondite entre las hojas amarillas.
Algo se mueve muy rápido, como un rayo de sol que salta.
Mira ese plumero largo y suave que asoma por el muro.
¡Crac!
Las hojas secas suenan bajo su peso ligero.
Un rastro de bellotas sobre el muro de piedra
Hoy vamos a jugar a un juego de escondite entre las hojas amarillas.
Algo se mueve muy rápido, como un rayo de sol que salta.
Mira ese plumero largo y suave que asoma por el muro.
¡Crac!
Las hojas secas suenan bajo su peso ligero.
Nuestro amiguito tiene mucha prisa porque el invierno está por llegar.
Ahora asoman dos manos pequeñitas que abrazan un tesoro redondo.
Es una bellota brillante que ha caído del viejo roble.
¡Fuerte!
El misterioso vecino la sujeta para que no se escape.
Si guardamos mucho silencio, podremos ver algo más sobre su cabecita.
Son dos orejas puntiagudas que escuchan el susurro del viento.
Están muy atentas a cada ruidito que ocurre en el jardín.
¡Zas!
¿Ya sabes quién es este visitante tan veloz?
¡Es la ardilla saltarina que vive en el gran árbol de la esquina!
Aquí está completa, con su traje de color fuego y sus ojos de azabache.
Ahora sube al muro de piedra para enseñarnos su banquete de otoño.
¡Salto!
Se queda muy quieta y nos mira con mucha curiosidad.
¿Qué aventura leemos ahora?
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