¡Chisss! No hagas ni un ruido y mira con atención ese pequeño agujero entre las rocas.
Debajo de la arena vive un vecino muy especial que apenas mide lo mismo que tu dedo pulgar.
Sus antenas se mueven como látigos de seda, barriendo el agua para sentir cualquier movimiento cerca de su puerta.
¡Atención!
Algo se acerca nadando y nuestro pequeño amigo está a punto de salir a saludar a su manera.